“Lo importante no está en las notas, sino entre las notas.” (Gustav Mahler)

Soñar despierto es, sin duda, si queremos averiguar dónde está nuestro corazón,
es una de las maneras más bonitas: observar hacia dónde se escapa la mente cuando simplemente divaga.
A veces, mientras cumplimos con lo que “toca”, la mente se va, de puntillas,
a otros lugares: personas con las que nos gustaría estar,
proyectos que aún no hemos iniciado,
versiones de nosotros mismos que no nos atrevemos a vivir.
Son pistas.
Porque lo que imaginamos cuando no estamos obligados a nada
suele hablar de deseos profundos.
De lo que echamos de menos, de lo que anhelamos cuidar,
de lo que queremos construir de otra manera.
La mente de Gustav Mahler,
cuya vida estuvo llena de dolor,
regresaba una y otra vez a la música.
Sus sinfonías buscaban consuelo y sentido.
No escapaba de su sufrimiento.
Lo transformaba en sonido.
Quizá por eso, si queremos saber dónde está nuestro corazón,
conviene escuchar a dónde vuelve una y otra vez nuestra mente cuando sueña despierta.
Qué música busca, qué nombres repite, qué futuros imagina en secreto, qué rostros aparecen.
Ahí suele estar nuestra verdad.
Ilustración del cuento «El abrazo de la luna».
Me gusta pensar que soñar despiertos no es perder el tiempo, es una brújula silenciosa.
No viene a sacarnos del camino, viene a mostrarnos hacia dónde quiere ir de verdad nuestra vida.
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