Te quiero.

«Hay capítulos de una vida que aún duelen. Y hoy volví a recordarla. Como muchos días. Y no porque fuera perfecta, porque nadie lo es. Pero era una mujer justa. «No te quiere», me dijeron. Desde siempre. Y crecí pensando que no me quería. Y nunca entendí porqué.

Yo era sólo una niña y sólo quería que alguien me viera. Pero parecía que ella tampoco me veía. O eso me dijeron.
Y crecí entre un quiero y no puedo. Y ella estaba allí. Cada día.
Con un regalo para mí cuando enfermaba. Como con los demás.
Con los hojaldrados que tanto sabía ella que me gustaban, y sólo porque era Navidad.
Con un «sugus» por que el «hombre de la tienda» se lo había dado en lugar de una peseta.
«¿Lo quieres?», me decía. «Toma, para ti.»
Pero me dijeron que no me quería y yo los creí.

Y ese año, su último año, lo vivió en un triste y frío hospital.
Y esas Navidades nadie quiso quedarse con ella. Pero yo no dudé en estar. Aunque ella no me quisiera.

Entré despacito en la habitación. Ella dormía, intranquila.
Me acerqué sin hacer ruido. Abrió los ojos y me miró, mientras yo le acariciaba la carita.
¡Esa mirada tan suya! Sus ojos ahora se veían de un azul más claro que de costumbre. Siempre me perdía en ellos.
Le susurré: «Hola, cariño, estoy aquí. Hoy no dormirás solita.»
Y una lágrima resbaló suavemente por su mejilla.
Se la limpié mientras le decía que no se preocupara: «No quiero que llores.» Y entonces se encogió, apretando los ojos fuertemente como si le hubiera pegado.

Y en ese momento me dí cuenta que aquel no era un buen lugar para ella. Que no la trataban bien. Que se sentía sola y muy perdida.
«No te riño, cariño. Duerme tranquila. Yo velo tu sueño para que nada te haga daño.»
Suspiró y volvió a dormir, esta vez más tranquila.

Poco después abandonó este mundo.
Ella siempre me quiso. Ahora lo sé. Pero se empeñaron en separarnos. Desde siempre. Y eso condicionó la vida de las dos. Y no fue justo para ninguna.

Ahora, cada vez que la recuerdo, le digo que le quiero mientras no puedo evitar una punzada de dolor.
Y siempre le digo: «Mi querida «abue», si existe otra vida, no volveremos a permitir que nos separen. Lección aprendida. Te quiero.»

Dedicado a todas las abuelas.

Ilustración perteneciente al cuento «El abrazo de la luna».

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Algunas imágenes interiores del cuento «El abrazo de la luna»:

    

Los dos siguientes cuentos de la colección

 

Sobre el miedo al colegio, a partir de 3 años, y sobre el miedo a la muerte, a partir de 8 años.

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