Tal día como hoy, 14 de agosto del 1979…

se estrenó en Estados Unidos Apocalypse Now, y el estreno fue casi tan legendario y caótico como el propio rodaje, en un cine de Nueva York, respirando la tensión y el humo de la sala.
Era verano, pero no un verano cualquiera. En las marquesinas de los cines estadounidenses brillaba un título que parecía un presagio: Apocalypse Now.
Afuera del cine había gente esperando, algunos con esa mezcla de curiosidad y morbo, murmurando que Coppola, el hombre que había hecho El Padrino, ahora traía una historia de Vietnam… y que el rodaje había sido un infierno. Habían oído que el rodaje fue un desastre, que la película hundió a Coppola en deudas y casi le vuelve loco.
Francis Ford Coppola entró a la sala con paso lento, como un general que regresa de una guerra que no quiso pelear pero que no podía evitar. Vestía de oscuro, con barba espesa y unas gafas que no ocultaban las ojeras. Los rumores eran ciertos: el rodaje había durado más de dos años, costado millones y casi le destroza la vida.
La luz se apagó y el rugido de los helicópteros llenó la sala. En la pantalla, palmeras ardiendo al ritmo de The End de The Doors. Vietnam no era un campo de batalla… era una pesadilla. La gente se encogía en sus butacas, atrapada por el polvo, el sudor y la locura que salían de cada plano.
Cuando sonó The Ride of the Valkyries y Robert Duvall gritó que amaba el olor del napalm por la mañana, hubo un silencio extraño: nadie sabía si reír, estremecerse o aplaudir. Y en el final, entre sombras y susurros, Marlon Brando aparecía como un espectro obeso y enigmático, improvisando frases como cuchillos.
Al encenderse las luces, hubo quien se quedó quieto, como si saliera de un sueño raro y peligroso. Otros comentaban en voz baja, como si no quisieran romper el hechizo. Coppola, desde la puerta, observaba las caras. No había hecho una película de guerra.
Aún no sabía si era una obra maestra o un suicidio filmado, pero esa noche no salió del cine como un director. Salió como un hombre que había cruzado su propio río hacia el corazón de las tinieblas y pudo regresar para contarlo.
Y así, aquel 15 de agosto, Apocalypse Now se convirtió en algo más que cine: fue un viaje al corazón oscuro del hombre y al propio corazón roto de su creador.
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Algunas imágenes interiores del cuento:


Los dos siguientes cuentos de la colección:

Sobre el miedo al colegio, a partir de 3 años, y sobre el miedo a la muerte, a partir de 8 años.


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