Tal día como hoy, un 29 de agosto de 1915, nace en Estocolmo Ingrid Bergman. Curiosamente, falleció en esa misma fecha en 1982.
Ingrid Bergman llegó al mundo marcada por el destino, en el mismo país que la vio convertirse en una estrella precoz.

Su madre, una alemana llamada Friedel Adler, falleció cuando Ingrid tenía apenas tres años.

Su padre, un talentoso fotógrafo y pintor sueco llamado Justus Bergman, fue el único responsable de su crianza a partir de ese momento. Él la adoraba y la incentivó en sus pasiones desde muy pequeña, especialmente en la actuación. Le compró una cámara de cine y la filmó constantemente, documentando su crecimiento.

Sin embargo, cuando Ingrid tenía solo 12 años, su padre también murió. Esta pérdida la dejó huérfana y fue a vivir con una tía, que lamentablemente falleció a los pocos meses.
Finalmente, fue criada por su tío Otto Bergman y su familia.

A pesar de estas dolorosas pérdidas, su interés por la actuación, que su padre había cultivado en ella, se convirtió en una constante en su vida. En una entrevista, Bergman dijo que cuando era niña a menudo imaginaba a sus padres viéndola en el escenario, y que esa fantasía le daba la fuerza para seguir adelante.
Esta infancia solitaria y marcada por la pérdida, sin embargo, la dotó de una gran resiliencia y una independencia que la acompañaría durante toda su vida. Su sueño de actuar era una luz que no se apagó.

En 1939, cuando su carrera ya florecía en Suecia, el productor David O. Selznick la vio en la película Intermezzo y la invitó a Hollywood para protagonizar su remake.

Fue el salto a un mundo nuevo, donde su belleza natural y su talento la hicieron una de las actrices más queridas del público, protagonizando clásicos como la icónica Casablanca.

Pero la historia de Ingrid no fue sólo de éxitos en pantalla. En 1949, tomó una decisión que sacudió los cimientos de su carrera y su vida. Dejó a su marido y a su hija para seguir su corazón y trabajar con el director italiano Roberto Rossellini, con quien inició una relación y tuvo tres hijos.

La puritana sociedad de la época la condenó, llamándola «ejemplo de depravación femenina», y fue vetada en Hollywood durante varios años.
Sin embargo, Ingrid era una mujer de convicciones.
Se refugió en Europa, filmando con Rossellini y otros directores, y demostrando que su talento no necesitaba la aprobación de Hollywood.

En 1956, regresó triunfalmente a la pantalla grande con Anastasia, un papel que no sólo le valió un segundo Óscar, sino que también la redimió ante el público.

Su vida, llena de pasión y una profunda dedicación a su arte, concluyó un 29 de agosto de 1982, el mismo día en que nació, a los 67 años.

Ingrid Bergman no solo fue una gran actriz, fue una mujer que vivió su verdad, demostrando que la autenticidad es un legado más valioso que cualquier aplauso.

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