«No puedo hacer que nadie entienda lo que está pasando dentro de mí».
Franz Kafka.

Hay dolores tan profundos que no caben en palabras.
A veces sientes que no existe vocabulario suficiente para enseñar al otro lo que llevas dentro.
Que habría que inventarlo.
Porque hay dolores que no se traducen bien.
Y a veces lo que más cansa no es sufrir. Es tener que explicarte, una y otra vez,
para que te crean. Como si tu verdad necesitara decirlo perfecto para existir.
Y ahí es cuando te ves atrapada en un sitio donde nunca es suficiente,
donde siempre falta una prueba más, una explicación mejor, una frase menos incómoda.
Y, sin darte cuenta, acabas dudando de ti.
Pero si nadie entiende, muchas veces no es maldad.
Es que estás hablando desde un lugar tan hondo que no llega.
Que necesita espacio y tiempo. Otro ritmo.
O que alrededor hay oídos, pero no hay alma.
Aun así, qué importante es no rendirse.
No convertirte en “la que está bien” por fuera mientras por dentro te vas apagando.
Que al menos una persona te vea de verdad.
Y si no aparece, empezar por verte tú.
Sin juicio. Sin maquillaje.
Eso ya es un acto de amor.
Y al final, cuando todo se vuelve demasiado difícil de explicar,
sólo estás pidiendo refugio.
«No deseo otra cosa que hundir mi rostro en tu regazo, sentir tu mano sobre mi cabeza y
permanecer así por toda la eternidad».
A veces no hace falta entenderlo todo para estar. Hace falta presencia.
Esa que no te interroga, no te acelera y
no te obliga a traducir el dolor en frases bonitas.
Ilustración perteneciente al cuento «Corazones valientes».
Ilustración perteneciente al cuento «Corazones valientes».
Revisa nuestra tienda: https://cuentosconvalores.com/tienda/

Todos nuestros libros y cuentos están protegidos por las leyes de derechos de autor.
Queda prohibida su reproducción total o parcial por cualquier medio sin permiso escrito del autor.






0 comentarios