«Nadie ha calculado nunca con exactitud, ni siquiera los poetas,
cuánto aguanta un corazón».
Zelda Fitzgerald (1900-1948)

El corazón tiene esa extraña capacidad de aguantar.
Aguanta roto en mil pedazos, con tiritas que apenas sostienen,
con vendas que ya no disimulan las grietas, con tornillos oxidados que crujen al moverse.
Y aun así sigue.
Como una muñeca vieja a la que alguien, con cuidado, vuelve a dar cuerda.
No porque esté intacta, sino porque todavía late algo dentro.
El corazón aguanta más de lo que creemos.
Puede romperse en mil pedazos y aun así seguir funcionando.
Zelda Fitzgerald hablaba de esa capacidad humana de resistir.
Pérdidas, desamor, traiciones, soledad, frustración, decepción.
Dolor profundo.
Ni siquiera los poetas pueden medir cuánto soporta una persona antes de romperse o cuánto puede vivir después.
Pero a veces el corazón aguanta demasiado.
Permanece donde debería marcharse.
Sigue queriendo cuando debería soltarse.
Tolera lo que hiere su dignidad en nombre del amor,
de la costumbre o del miedo.
Y entonces, la fortaleza se convierte en condena.
Resistir no siempre es valentía. A veces es olvidarse de uno mismo.
Por eso la grandeza no está sólo en cuánto soporta,
sino en el momento sagrado en que decide decir “hasta aquí”.
Cuando el corazón aprende a irse de lo que le rompe, no se endurece.
Se elige y se respeta.
Hay corazones que aguantan tanto que olvidan
que también tienen derecho a descansar.
Que resistir no siempre es valentía.
Que a veces, irse es el acto más valiente de todos.
Revisa nuestra tienda: https://cuentosconvalores.com/tienda/

Todos nuestros libros y cuentos están protegidos por las leyes de derechos de autor.
Queda prohibida su reproducción total o parcial por cualquier medio sin permiso escrito del autor.
0 comentarios