La calma a veces asusta más que el caos.

En ella no hay ruido donde esconderse.
No hay intensidad que tape carencias, ni conflictos que justifiquen no parar a mirarte.
La calma no es ausencia de emoción.
Es ausencia de ruido innecesario.
Y por eso asusta.
En el caos siempre hay algo que hacer, alguien a quien culpar,
una intensidad que te deja una excusa para no pararte.
El conflicto distrae.
El drama te deja viviendo en automático.
La montaña rusa emocional da la falsa sensación de estar viva,
cuando muchas veces sólo estás sobreviviendo a ti misma.
La calma, en cambio, no te ofrece escondites.
Ahí ya no puedes ocultar nada.
No te empuja. No te persigue.
No te exige demostrar nada.
Simplemente está.
Y te deja a solas con lo que eres cuando nadie te reclama.
Ahí es donde caen las máscaras.
En la calma se nota si sabes sostener un vínculo sin controlarlo.
Estar sin invadir.
Amar sin pedir al otro que te calme lo que tú no has querido mirar.
Por eso hay personas que dicen querer paz,
pero eligen caos una y otra vez.
No porque el caos sea mejor,
sino porque es conocido.
Porque en el ruido se puede negociar, huir, tensar, soltar y
volver a empezar sin hacerse cargo de nada del todo.
La calma exige responsabilidad emocional.
Exige presencia.
Exige renunciar a la excusa de “soy así” y preguntarte
qué haces tú cuando no hay tormenta que te tape.
Amar desde la calma no es aburrido. Es adulto.
Y no todo el mundo está dispuesto a pagar ese precio.
Porque la calma no te promete fuegos artificiales en todo momento.
No viene a estimularte, viene a sostenerte.
Te promete transparencia, coherencia, verdad.
Y la verdad, cuando no has aprendido a sostenerla, pesa.
La pregunta es qué parte de ti necesita
todavía el caos para no escucharse.
A veces he confundido paz con vacío,
y ruido con vida.
Y me ha costado aprender que la calma no viene a dormirme.
Viene a devolverme.
Y yo ya no quiero perderme en el ruido.
Ilustración perteneciente al cuento «El abrazo de la luna».
La calma no se aprende en el ruido.
Se aprende cuando dejas de huir.
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