El término luz de gas o gaslighting se refiere a una forma de abuso psicológico en la que una persona manipula a otra para que dude de su propia percepción, juicio o cordura.

El objetivo del abusador es confundir a la víctima y hacerla sentir que sus emociones, recuerdos y pensamientos no son válidos, lo que la deja vulnerable y dependiente.

El nombre «luz de gas» proviene de la obra de teatro y posterior película de 1944, «Gaslight», donde un marido manipula a su esposa para que crea que está perdiendo la razón, atenuando las luces de gas de la casa y negando que lo haya hecho.

El abusador utiliza una serie de tácticas para lograr su objetivo, entre las que se incluyen: negar lo que sucedió, tergiversar los hechos para confundir a la víctima y hacerla dudar de su memoria, invalidar las emociones de la víctima (haciéndola sentir que reacciona de forma exagerada), o culpabilizar a la víctima por las acciones del abusador.

La luz de gas es como una historia de suspense, que se desarrolla lentamente y que, al final, te hace dudar de tu propia mente.

Y viene de alguien que siempre fue tu puerto seguro, una persona en la que confías.

Un día, después de una discusión, le dices: «Me dijiste que harías esto y no lo hiciste». La respuesta que esperas es una disculpa, pero en cambio, oyes: «Yo nunca dije eso. Estás confundiendo las cosas». Te sientes un poco desorientado, pero lo dejas pasar.

Más tarde, compartes tus sentimientos: «Me sentí herido por lo que hiciste». La respuesta que recibes es: «Eres demasiado sensible. Es una tontería que te pongas así». De nuevo, la duda se instala. Comienzas a preguntarte si eres tú el problema o si tus emociones son válidas.

Poco a poco, las mentiras se vuelven más grandes y las negaciones más frecuentes.

Te dice que olvidaste cosas que recuerdas claramente, que exageras cada situación, que tu memoria es mala. La realidad que antes conocías empieza a desdibujarse. Miras tu propio reflejo y te preguntas: «¿Qué me pasa?».

Te sientes confundido y solo. Y en ese momento, la persona que te está manipulando se presenta como tu única ancla, tu única fuente de verdad.

Te dice: «Menos mal que me tienes a mí para ayudarte a recordar lo que de verdad pasó».

Así es como funciona la luz de gas. Es una forma de maltrato silenciosa y siniestra. El abusador no te grita ni te golpea, te desarma lentamente, pieza por pieza, hasta que te sientes tan perdido que sólo puedes confiar en él.

Las víctimas suelen experimentar falta de confianza en sí mismas, sentimiento de confusión, ansiedad y depresión, aislamiento social, sensación de que están perdiendo la cordura, y dependencia emocional del abusador.

En ocasiones no llega a estos extremos. A veces sólo te dicen, repetidamente, «eso es lo que tú crees pero no es la realidad».

Debes percibir las famosas «banderas rojas».

Vuelve a confiar en tu voz interior, en tu memoria y en tu propia verdad.

Ilustración del cuento «Sueños mágicos».

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Algunas imágenes interiores del cuento «El abrazo de la luna»

    

Los dos siguientes cuentos de la colección

:

 

Sobre el miedo al colegio, a partir de 3 años, y sobre el miedo a la muerte, a partir de 8 años.

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