Las lágrimas son humanas.

¿Por qué nos incomodan? Acompañar a alguien en su tristeza, sin prisa y sin miedo, simplemente con presencia, es un regalo para quien llora y para quien escucha. Nos acostumbraron a vivir con el “no llores”, «hay que ser fuerte».
Te dicen que nadie merece tus lágrimas, que los niños no deben verlas, que a él le gustaba verte reír, y que toca aguantar. Y aprendimos a escondernos para llorar.

Los niños, entonces, aprenden a llorar debajo de las almohadas, como hicimos nosotros. Porque nadie llora con ellos.

Debemos permitirnos ser nosotros, ser lo que somos, sin pedir permiso. Sentir las emociones. Con libertad de llorar, de reír, de vivir. Ser libres para poder decir lo que sientes con total honestidad. Y no es queja el llorar o decir estoy cansada o triste. Nadie se queja cuando dice lo que siente, lo que le duele, lo que asusta.

Y si los niños te ven llorar y caer, también te ven levantarte. Y eso aprenden. Les permites acompañarte como tú les acompañas, en la medida de su edad y recursos, sin darles un peso que no les corresponde.

En mi casa, sentir no se esconde. Se honra.

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Algunas imágenes interiores del cuento «El abrazo de la luna»:

    

Los dos siguientes cuentos de la colección

 

Sobre el miedo al colegio, a partir de 3 años, y sobre el miedo a la muerte, a partir de 8 años.

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This was a practice for the lights and textures, i was not trying to recreate the exact picture nor person

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