Las heridas no se «tocan».

La sensibilidad y la fragilidad que demuestra tener una persona al contarte sus heridas y traumas, se respeta.

No se toca. Ni por despecho, ni por venganza, ni por justicia ni por error. Cuando alguien te está abriendo su corazón y te está mostrando su parte más indefensa y frágil, que contiene heridas, traumas, miedos,… se cuida y se protege.

Esa información no se toca, nunca. Jamás. Es sagrada.

No se daña.

 

Porque dice mucho de una persona que utiliza esa información para hacerte daño.

Es muy complicado abrirte a las personas y mostrar, y expresar con palabras incluso, lo que más te duele. Heridas que, seguramente, aún sangran y no han sanado. Es complicado explicar quién eres porque habrán cosas que no te gustará contar. Tal vez, porque aún te duela recordarlas o no vas querer revivir. Situaciones que quieres olvidar pero tienes la necesidad de contar para que eso ocurra.

Para poder trascenderlas y sanarlas.

Y si eso se da, le estás regalando a la persona que te escucha un tesoro muy preciado.

Le estás otorgando el poder de destruirte si quiere.

 

Y es muy importante entender que la mayor muestra de amor que puede haber hacia otra persona es conocer todas sus heridas y no tocarlas.

Es tener el poder de destruir y decidir no hacerlo.

Es respetar lo sagrado. Y decidir jamás tocar las heridas del otro, ocurra lo que ocurra.

Porque el hecho de tocarlas es rastrero, ruin, bajo.

La elección de no hacerlo es lo que a ti te define como persona. Es lo que te hace humano.

Es un tesoro sagrado que debes proteger, pese a todo. Y es mucho más que lealtad, compasión o respeto.

Es amor. Decidir no hacer daño cuando puedes hacerlo.

Es fácil dañar sin querer.

Pero para algunas personas es menos complicado también dañar queriendo, y lo hacen.

Aunque sepan que duele.

Aunque sepan que están dañando, porque se lo has dicho: «me estás haciendo daño. Me duele».

Ellos lo hacen. Para luego, en la mayoría de las ocasiones, irse sin ninguna explicación. Sin ningún porqué.

Pero no dar ese paso, respetar la historia sagrada, implica amor. En todas sus facetas. Da igual el vínculo que tengas con esa persona.

Y es hacer sagradas las historias. Las que arrastran heridas, y las que vives tú con esa persona que tuvo la valentía de abrirte su corazón.

 

Inspirado en palabras de Tati Ballesteros.

La ilustración pertenece al cuento «Aleluya por un ángel».

Revisa nuestra tienda: https://cuentosconvalores.com/tienda/

Algunas imágenes interiores del cuento «El abrazo de la luna»:

    

Otros cuentos de la colección:

 

Sobre el miedo al colegio, a partir de 3 años, y sobre el miedo a la muerte, a partir de 8 años.

orlasinfantiles.net

     

Canal de YouTube de Cuentos Infantiles: Cuentos La luna azul

Pinterest: Orlas y cuentos infantiles Artemm

Instagram: cuentos_lunazul