«La vida es una sucesión de momentos, y
la poesía es la forma en que los atrapamos y los hacemos eternos…
La poesía es un regalo que nos hace recordar nuestra humanidad,
nuestra capacidad de amar y ser amados…
es la forma en que encontramos significado
en un mundo aparentemente caótico».
Louise Elisabeth Glück

Hay días en los que el mundo te trata como si fueras una máquina: produce, corre, rinde.
Y en esa carrera la vida se vuelve pequeños momentos que pasan tan rápido que casi no te da tiempo a vivirlos.
La poesía y el arte hacen algo raro y precioso: detienen el tiempo.
Cogen un momento que iba a desaparecer y
lo convierten en algo que puedes volver a tocar y a sentir después.
Un poema no decora un momento. Lo nombra.
Y cuando algo queda nombrado con belleza,
ya no se pierde del todo. Se queda en el cuerpo como un lugar donde volver.
Nos devuelve lo que el ruido nos roba: humanidad, ternura, sentido.
“Recordar nuestra humanidad” es volver a lo esencial:
sentir, empatizar, amar, pedir perdón, echar de menos.
Cosas que este mundo rápido y productivo te hace olvidar o te hace esconder.
“Atraparlos y hacerlos eternos” no es magia.
Es tomar un dolor, una alegría, un pequeño gesto,
y transformarlos en palabras bonitas y verdaderas,
para que deje de ser sólo “lo que me pasó” y se vuelva algo que sobrevive.
Cuando todo parece ruido y azar, la poesía te da refugio.
No arregla el caos, pero te ayuda a sostenerlo.
La poesía no te cambia la vida con hechos. Te la cambia con mirada.
Y a veces, eso es lo que te devuelve a la vida.
A veces basta con una frase que te nombre por dentro.
No arregla el caos, pero te devuelve a ti.
Ilustración perteneciente al cuento «Sueños mágicos».






0 comentarios