La eternidad contra el olvido

Es una historia de muerte y resurrección.

Primero de una ciudad, luego de su memoria.

Un recordatorio poderoso de la fragilidad de la historia y de cómo la sensibilidad humana lucha

por rescatar la verdad del olvido, sólo para verla amenazada de nuevo.

Durante siglos, la mítica Nínive sólo habitó en los relatos bíblicos.
Sin pruebas físicas, muchos la creyeron una leyenda.

Fue en 1847 cuando el arqueólogo Austen Henry Layard «desenterró» la realidad.

El majestuoso palacio de Senaquerib con sus 71 estancias y relieves colosales.
Con él, emergió también la biblioteca de Assurbanipal y sus 22.000 tablillas de conocimiento.

Nínive dejaba de ser un mito para ser un imperio que esperaba ser rescatado del olvido.

A veces la verdad necesita ser «desenterrada» para que el mundo crea en ella.

Es un ciclo doloroso y muy humano.
Construir, olvidar, redescubrir, destruir.

Es sobrecogedor pensar que algo que sobrevivió miles de años

bajo la tierra pueda ser destruido en un instante por la mano humana.

Estos toros alados eran protectores, símbolos de fuerza y sabiduría.

Me impresiona la foto.
Ese gigante que se asoma para recordarnos quiénes fuimos.
Ver a los trabajadores en la excavación nos recuerda que la dignidad de una civilización

reside en lo que deja escrito y tallado para el futuro.

Pero es triste que lo que la arena protegió por miles de años, el odio lo destruya en minutos.

Incluso después de ser desenterrados, estos gigantes no encontraron la paz, víctimas de la codicia humana.

En la fotografía, uno de estos Lammasu aparece sin cabeza.
Fue serrada y robada para terminar en el mercado negro.
Una segunda muerte, esta vez a manos de la ambición.

Nínive resurgió para ser verdad, y aunque intenten borrarla,

el hallazgo de Layard ya la hizo eterna.

Incluso en los tiempos más oscuros de la historia,

el ser humano fue capaz de crear una belleza tan noble que todavía hoy nos obliga a guardar silencio.

Fotografía: Hallazgo de un Lammasu, guardián eterno de Nínive.
Uno de los imponentes toros alados asirios regresando a la luz.

 

 

Hay verdades que esperan miles de años para ver la luz.

Pero siguen siendo verdad.

Una verdad no necesita testigos para ser verdad.

Nínive existió aunque nadie lo creyera durante siglos.

 

 

A veces da la sensación de que las cosas más valiosas sólo están a salvo cuando permanecen ocultas.

Mi publicación me permitió ayer viajar un poco hasta Nínive.

Si cierro los ojos, yo misma tengo tantos rincones del pasado que desearía proteger de la destrucción…

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