“Hay momentos en que toda la ansiedad y el esfuerzo acumulados
se sosiegan en la infinita indolencia y reposo de la naturaleza».
Henry David Thoreau, 1817-1862

La naturaleza, como la risa, como muchas cosas que nos pasan desapercibidas
pero están siempre ahí, es medicina para el alma.
Es ese momento en el que necesitas parar. En el que todo el peso que llevas encima,
las preocupaciones, el esfuerzo, la tensión, de repente se disuelve cuando observas la naturaleza
y formas parte de ella. Como una especie de anestesia que no esperabas.
La sientes. La respiras. Con ese poco aire que percibes que te queda. Para volver a esa paz,
esa calma que parecía escaparse un poco de ti.
Donde las voces externas que intentan marcarnos el paso se silencian.
Porque en la naturaleza no encuentras dolor, tensión, lucha.
Ella sigue su propio camino, mientras se abre paso a la vida.
La naturaleza no te exige nada.
Y en ese no exigir, sientes que te sana. Y es maestra.
Esta es una de esas frases que podríamos completar con un «si no me crees, pruébalo.» Sólo tienes que parar. Y mirar.
Encontrar ese silencio verde y vivo, donde recuperas tu propia voz.
Como Thoreau mismo diría:
«Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente…
para no darme cuenta, en el momento de morir, que no había vivido».
Ilustración perteneciente al cuento «El abrazo de la luna».
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