Hoy es el Día de la Mujer

Y siento que no debería ser necesario.
Como hay días para los animales, para el agua, para…
¿de verdad necesitamos un día para recordarnos lo que debería ser natural todos los días?
La realidad es que muchas personas viven con miedo, con un dolor que nadie ve.
La dignidad de cada persona no está en lo que soporta.
Está en lo que merece. Y lo que merece es amor.
Amor que no hiere, que no encierra, que no aplasta.
Amor que permite respirar.
Recordé esta frase de Roberto Benigni:
“Cuídate de hacer llorar a una mujer. Dios cuenta sus lágrimas.
La sacó de tu costado. No de tus pies, para que no la pisaras.
No de tu cabeza, para que no estuviera por encima de ti. La sacó de tu costado, por debajo del brazo,
para que la protegieras. Del lado del corazón, para que la amaras”.
Es mucho más que una lección de religión.
Es una sencilla verdad. Pero lo importante no es la frase.
Es lo que no siempre nos atrevemos a mirar.
Se dice que el hogar es tu refugio. Tu lugar de paz.
Pero a veces no lo es.
Hay personas que aguantan, que se esconden detrás de una sonrisa para no preocupar.
Y callan porque tienen miedo.
Porque creen que nadie los va a creer. Porque están cansados.
Porque les han hecho pensar que la culpa es suya.
Y mientras tanto, muchos duermen con miedo,
con el corazón en un puño, con la esperanza medio rota.
La dignidad de una persona no está en lo que soporta.
Está en lo que merece. Y lo que merece es amor.
Amor del bueno. Del que no hiere. No encierra. No aplasta.
Del que permite respirar.
El hogar, cuando es hogar de verdad,
no necesita cerraduras.
Porque amar no es poseer.
Y ser amado no es aguantar.
Ojalá un día no haya que explicar esto nunca más.
Hasta entonces, que no nos tiemble la voz.
Porque a cualquiera le puede pasar.
Hombres, mujeres o niños.
El amor no siempre avisa cuando se tuerce.
Y hasta el mejor hogar puede volverse jaula si falta el respeto.
Por eso, cuidarnos es también aprender a mirar.
Y no callar cuando algo duele.
Feliz día de la mujer.
Muchas veces olvidamos que el respeto y la dignidad no dependen de quién seas ni de tu edad.
Son derechos fundamentales para todas las personas.
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