«Al afecto se debe el noventa por ciento
de toda felicidad sólida y duradera”.
Clive Staples Lewis.

Lo que de verdad sostiene la vida no son los logros ni el brillo.
Son las personas a las que queremos y que nos quieren bien.
El afecto es ese lugar donde puedes bajar la guardia sin miedo a ser herido.
Donde no hace falta demostrar nada para quedarse.
Sin eso, todo lo demás se vuelve frágil, como una casa preciosa construida sobre arena.
Y el amor, que es el más grande de los afectos, empieza justo cuando el miedo deja de mandar.
Aunque no desaparezca.
Amar es ese gesto silencioso y valiente de ofrecerte sin garantías,
sabiendo que nada está asegurado y, aun así, elegir quedarte.
Creo que por eso el afecto hace la felicidad “sólida y duradera”.
Porque todo lo demás puede cambiar: el trabajo, la salud, los planes.
Pero los momentos en los que hemos amado y hemos sido amados de verdad ya no se pueden borrar.
Se quedan escritos en un lugar al que el tiempo no llega del todo.
Al final, no nos salva una vida perfecta, sino haber tenido, aunque sea pocas veces,
la experiencia de ser mirados sin juicio, sostenidos sin condiciones, queridos sin miedo.
Eso, para mí, es la felicidad de la que habla Lewis:
un afecto que te permite existir sin miedo y que decides cuidar como lo que es.
Un tesoro que nunca deberíamos dar por sentado.
Ilustración perteneciente al cuento «El abrazo de la luna».
A veces pensamos que lo que sostiene la vida es lo que se puede contar:
dinero, metas, control.
Y luego la vida te lo desmonta en cinco minutos.
Lo único que de verdad aguanta el paso del tiempo es el afecto bien cuidado.
Ese lugar donde puedes ser tú sin actuar, sin justificarte, sin miedo.
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