Esta es su historia

La historia del joven pato que no podía volar. Al menos la parte de la historia que compartimos los dos.
Un día llegó. Habían otros dos en aquel estanque (algún día contaré sus historias, porque también la tienen).
Los tres patos hicieron «piña». Se protegían y cuidaban los unos de los otros. El negro, el blanco y el joven y alocado pato que acababa de llegar.
Aquel patito salió del agua, extendió las preciosas alas y… estaban cortadas. A tijera. Sólo se había librado una larga y bonita pluma azulada.
Él no podía volar pero eso no le impedía vivir feliz. Cada mañana yo iba a visitarle y cada mañana movía la colita feliz.
No tenía miedo de las personas. Daba a entender que aquel que le había cortado las alas era el mismo que lo cuidó (aunque esa parte de su historia la desconozco).
Llegó un día en que aquellos tres patos fueron desapareciendo. Primero el blanco, después el negro y al final, el joven y alocado pato de alas cortadas.
Todos dijeron: los patos migran. Bueno, sí. Pero no. Los patos sin alas no pueden volar.
Y hoy, después de tristes meses, ha vuelto. Más mayor, más triste, más solitario y más ajado. Y me ha conocido. Y me ha vuelto a mover la colita.
Le he vuelto a hablar y ha venido a saludarme.
Hoy es un día de esos raros. De esos que no sabes si es felicidad lo que sientes o tristeza.
No entenderé por qué las personas se empeñan en «mandar» de los animales. Ellos son libres. No molestan a nadie.
Y hoy, le he vuelto a hablar. Como todas las mañanas. Y le he vuelto a decir lo mismo que le decía entonces:
«Cielo mío, no te fíes de aquellos que han perdido su humanidad.
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Creación de la orla infantil Alicia

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