Entre «algodones» y el «acero»

Imagina una cocina, una taza fría, una mochila abierta y un “date prisa”.
En esa casa viven dos adultos. Sólo son humanos y arrastran lo que vivieron: miedos, normas que nadie explicó y carencias que nunca supieron poner nombre.
El niño mira y aprende, porque el tono también educa. La forma en que su padre trata al camarero, su madre critica a una vecina. Palabras que se usan cuando nadie escucha. El niño lo guarda todo como si fueran sus juguetes: el gesto, la prisa, la ironía, el abrazo que no llega, o el “luego” que, al final, siempre es nunca.
En ocasiones, el amor es excesivo y, sin querer, se convierte en vivir «entre algodones»: “no te caigas”, “no te manches”, “yo lo hago por ti”.
Crece protegido pero sin aprender.
Otras veces el amor se viste de acero: reglas rígidas, metas ajenas, “en esta casa se hace así” o «porque lo digo yo».
Y entre «algodones» y el «acero», el niño aprende a caminar la vida de puntillas.
Hay padres que arrastran la frialdad vivida en su propia infancia y actúan desde la distancia o el control.
Otros vuelcan en sus hijos sus sueños no cumplidos: “tú serás lo que yo no fui”. Y simplemente este hecho, puede ahogar al niño.
También están los signos de inmadurez: el hoy sí y mañana no, una promesa rota o la disculpa que nunca llega. Son heridas que se abren sin mucho ruido, pero van calando poco a poco.
Y con el tiempo aparece la decepción. El niño confía menos y se protege más.
Pero el niño crece y un día observa su infancia.
Dicen que los niños no vienen con manual de instrucciones. Los padres suelen hacerlo lo mejor que pueden.
Pero a veces amar no es suficiente. Hay que saber amar, y amar bien.
Esto implica ser valiente. Escuchar de verdad, poner límites sin herir, pedir perdón a tiempo, respetar la diferencia o sostener sin ahogar.
El pasado nunca desaparece pero puedes aprender a poner nombres a tus heridas.
Las huellas quedan, pero no sentencian. Ese niño crece, y decide qué repite y qué suelta.
El pasado nunca se borra, se reescribe.
Y la primera línea empieza hoy.
Ilustración perteneciente al cuento «El abrazo de la luna».
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Algunas imágenes interiores del cuento «El abrazo de la luna»:





Los dos siguientes cuentos de la colección


Sobre el miedo al colegio, a partir de 3 años, y sobre el miedo a la muerte, a partir de 8 años.

https://www.artstation.com/artwork/EzKO40
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