“En paz me acuesto y me duermo,
porque solo tú, Señor, me haces vivir confiado”.
Salmo 4:8, Nueva Versión Internacional (NVI)

En la cultura antigua, la noche era vulnerabilidad.
Oscuridad, incertidumbre, peligro real.
Dormir era un acto de fe.
Era descansar sin miedo.
La seguridad no nace de que todo esté en orden.
Nace de saber que no estás sosteniendo el mundo sola.
Me permito cerrar los ojos.
No porque no existan problemas, sino porque no todo depende de mí.
Si tu paz depende de hacerlo todo bien, sigues intentando controlarlo todo. Y eso no es posible.
Descansar en algo más grande es soltar esa presión silenciosa de no herir,
de medir cada palabra, de hacerlo perfecto.
Soltar la fantasía de que todo depende de ti.
Porque, aunque parezca noble, agota.
Es reconocer que no eres quien mantiene el orden del mundo sobre tus propios hombros.
Tu integridad es tu responsabilidad.
Los resultados no.
No es la paz de “lo hice perfecto”.
Es la paz de “actué con conciencia y ahora suelto”.
Dormir, entonces, es confiar.
Y esa confianza desarma la ilusión de que vigilarlo todo te salvará del dolor.
La vida seguirá siendo incierta.
Pero ya no estás sola cargando con todo.
Y eso no te hace pequeña. Te hace humilde.
Ilustración perteneciente al cuento «Sueños mágicos».
Hay noches en que el cansancio no es del cuerpo.
Es del alma que lleva demasiado tiempo intentando controlarlo todo.
Creyendo que si suelta, algo se rompe.
Pero soltar no es abandonar.
Es confiar en que no todo depende de ti.
Y esa es, quizás, la forma más profunda de descanso.
Revisa nuestra tienda: https://cuentosconvalores.com/tienda/

Todos nuestros libros y cuentos están protegidos por las leyes de derechos de autor.
Queda prohibida su reproducción total o parcial por cualquier medio sin permiso escrito del autor.






0 comentarios