“El conocimiento empieza en el asombro“.
Sócrates

Pensar de verdad comienza cuando algo te mueve el suelo.
El asombro es ese segundo en el que la vida deja de ser lo de siempre.
Cuando miras algo y, por un instante, ya no te vale la misma respuesta.
Y te preguntas “¿por qué?”
El asombro es mirar lo cotidiano como si fuera la primera vez.
Ver una mano, una mirada que cambia el día, el cielo que no te pide permiso para ser inmenso. Y hay maravillas, pero también preguntas enormes escondidas en lo de cada día.
Ahí empieza el conocimiento. Porque sin preguntas, sólo repetimos lo que nos enseñaron, lo que oímos, lo que nos conviene.
El problema no es no saber. El problema es creer que ya sabes.
El asombro te devuelve la humildad, la que abre la mente y ablanda el corazón. Te deja estar disponible para aprender.
Porque quien no se asombra, no pregunta.
Quien no pregunta, se duerme. Y cuando te duermes, el mundo sigue avanzando, pero tú ya no estás.
Cuando nada te sorprende, no es que seas más listo.
Es que te has acostumbrado. Y ahí es donde la vida se vuelve ruido.
Quizá el problema no es que falten respuestas, sino que dejamos de mirar como si no supiéramos nada.
Ilustración perteneciente al cuento «Sueños mágicos».
Quizá el asombro no es mirar más cosas,
sino mirar de otra forma lo que ya damos por sabido.
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