Los domingos pueden ser un día como otro cualquiera para reflexionar sobre tu semana y la vida misma.

Más ahora que el mundo ya empieza a oler a Navidad, aunque esa sensación tan agradable que sólo nos ofrece esta época del año debería sentirse siempre.
Yo tenía un amigo, de esos que te ven. Ahí es nada y lo es todo. Estaba orgulloso de mí, o eso me decía. Me hizo sentir acompañada en un pequeño tramo de mi vida. Yo ya no era la misma de antes cuando lo conocí. Ahora, después de un tiempo, aún lo soy menos.
Para mí, sí fue un verdadero amigo, a pesar de los pesares.
Con el tiempo entiendes que un amigo de los buenos no es “el que se queda para siempre”. La vida tiene ciclos, las prioridades cambian y cada persona lleva su propio ritmo.
La mayoría de relaciones son pasajeros de un trayecto concreto. Eso no las hace menos valiosas. Sólo más reales.
También comprendes que no todo el que se va era un mal amigo, igual que no todo el que se queda es uno bueno. Hay vínculos que cumplen su función y se apagan sin culpa, aunque duelan “infinitamente”, como me decía otro gran amigo.
Hay distancias que llegan porque tú también cambiaste, aunque cueste admitirlo. Y hay separaciones que simplemente ocurren, como ocurre la vida.
Un amigo de los buenos es alguien con quien no necesitas ajustar el tono ni medir cada frase. Alguien que no te aplaude las tonterías, pero tampoco te machaca cuando te equivocas. Entra en tu vida con respeto y, si toca irse, se va con el mismo respeto o más. Sin ruido, sin deuda pendiente.
Aporta verdad, luz y presencia. Te acompaña sin exigencias, sin máscaras, sin reproches, cuidando de los sentires del otro. Con amor, con verdad, sin apagar ninguna luz y sin silencios incómodos.
El que caminó tu mismo tramo, el que sumó claridad aunque fuese por poco tiempo. El que se fue dejando más luz que sombra, aunque de momento duela tanto que cueste verlo.
Como en la vida de todos, varios amigos se han bajado en distintas estaciones. Gente que una creía “para toda la vida”.
Quizá porque yo también iba en otro vagón.
Quizá porque lo que compartimos tenía su tiempo y su propósito, y ya no encajaba en el tramo actual del viaje.
No es fácil asumirlo, pero es parte del camino.
Ausencias que dolieron y que poco a poco han ido encontrando su lugar.
Porque al final, el tren sigue.
Y cada estación, cada subida y cada bajada también te construye y te ilumina un poco más el alma.
Al final se trata de agradecer a quien caminó un tramo de vida con nosotros.
Revisa nuestra tienda: https://cuentosconvalores.com/tienda/
Algunas imágenes interiores del cuento «El abrazo de la luna»:


Otros cuentos de la colección

Sobre el miedo al colegio, a partir de 3 años, y sobre el miedo a la muerte, a partir de 8 años.

https://www.artstation.com/artwork/EzKO40
This was a practice for the lights and textures, i was not trying to recreate the exact picture nor person

Canal de YouTube de Cuentos Infantiles: Cuentos La luna azul
https://www.linkedin.com/in/emma-yuste
Pinterest: Orlas y cuentos infantiles Artemm
Instagram: cuentos_lunazul
Instagram: https://www.instagram.com/cuentos_valores/
Youtube: Cuentos infantiles
Todos nuestros libros y cuentos están protegidos por las leyes de derechos de autor.
Queda prohibida su reproducción total o parcial por cualquier medio sin permiso escrito del autor.







0 comentarios