¿Alguna vez confiaste tanto en alguien que te olvidaste de ti mismo?

Personas que te decían que estabas llena de luz.
Y es que hay personas que nacen escuchando lo que nadie dice. No con los oídos, sino con el alma.
A veces, el empático no nace así por simple capricho del destino. Lo puedes ver en su mirada. Fue moldeado por el dolor y a través del dolor.
En la infancia, cuando muchos aprenden a jugar, el empático aprende a detectar la rabia antes de que estalle.
Y es que, reconocías el silencio como amenaza, el tono como presagio de abandono. Porque aprendes a vivir con el corazón acelerado. Aprendes a percibir miradas, a callar antes del grito, a sonreir para calmar, a ofrecer el hombro, incluso antes de que el otro lo pida.
Y, en ese escenario invisible de las tragedias familiares, fue donde el don comenzó a tomar forma, como defensa psíquica.
Sencillamente, es trauma. Es un alma que se rompió en pedazos tan pequeños que terminó por hacerse vulnerable.
«La herida es el lugar por donde entra la luz», cita del poeta persa del s. XIII, Rumi.
Pero tú, como empático, sangras, debajo de esa luz, hasta el día de hoy. Pueden verte sonreir, pero sólo deben fijarse en tus ojos.
Lo mides todo, lo observas todo, lo sientes todo. Absorbes incluso, lo que el otro no sabe que transmite. No estás ahí sólo por el otro, está ahí «a pesar de ti mismo».
Por eso cuando amas, te entregas como una ofrenda. No mides ni esperas ni calculas. Y en el fondo, confías en que tal vez, sólo por esta vez, alguien también te vea. Pero rara vez te ven, porque la belleza de quien sana pocas veces se ve. Sólo ven que eres bálsamo, no que también está herido. Sólo ven el cuidado, no tu cansancio.
Y naciste empática para adaptarte al caos. Porque necesitabas sentir por los demás para sobrevivir.
Y cuando decides que ya no más, te vas.
Y te vas, sin enojo pero con una gran tristeza, tan serena, que parece una despedida escrita por el alma. Desapareces sin previo aviso porque te entregas «hasta sangrar». Permaneces hasta después de haber llegado al límite. Y entonces, un día simplemente te vas. Sin pelear, sin culpas, y sin más explicaciones. Porque ya has dicho, peleado y explicado lo suficiente. No queda nada más.
Eres empático. Pero lo que pocos entienden es que, detrás de esa partida silenciosa, hay un grito. Un colapso que viene de una profundidad psíquica a la que la lógica no llega. Y no desapareces por orgullo. Sencillamente, no regresas por ya moriste en ese lugar. Y en esa profundad habitan las sombras donde la empatía y el agotamiento se confunden. Irse es el único acto de amor que te queda.
Porque hay memorias que aún duelen pero que, si las miras desde la valentía, pueden revelar algo valioso: «El alma que se va, no siempre es la que se rinde. A veces es, simplemente, la que eligió vivir.»
«Todo lo que nos irrita de los demás puede llevarnos a una mejor comprensión de nosotros mismos» Carl Gustav Jung.
Ilustración del cuento «Sueños mágicos».
Revisa nuestra tienda: https://cuentosconvalores.com/tienda/
Algunas imágenes interiores del cuento «El abrazo de la luna»:


Los dos siguientes cuentos de la colección

Sobre el miedo al colegio, a partir de 3 años, y sobre el miedo a la muerte, a partir de 8 años.

https://www.artstation.com/artwork/EzKO40
This was a practice for the lights and textures, i was not trying to recreate the exact picture nor person

Canal de YouTube de Cuentos Infantiles: Cuentos La luna azul
https://www.linkedin.com/in/emma-yuste
Pinterest: Orlas y cuentos infantiles Artemm
Instagram: cuentos_lunazul
Instagram: https://www.instagram.com/cuentos_valores/
Youtube: Cuentos infantiles
Todos nuestros libros y cuentos están protegidos por las leyes de derechos de autor. Queda prohibida su reproducción total o parcial por cualquier medio sin permiso escrito del autor.

0 comentarios