El vacío que lo llena todo

El libro «El año del pensamiento mágico» estaba ya terminado cuando Quintana falleció definitivamente el 26 de agosto de 2005, a los 39 años.
Por eso el libro habla de la muerte del marido, pero no de la de su hija. Ese dolor fue tan inmenso que Didion necesitó otro libro para enfrentarlo:
«Noches azules» (2011).
Así que la respuesta es compleja: sí, despertó del coma. Pero la vida le tenía preparada una segunda tormenta. Y esa tormenta se la llevó.
“Te falta una sola persona, y el mundo entero está vacío”.
Joan Didion (1934-2021), escritora y periodista estadounidense.
Porque «una sola persona» es un universo entero.
El duelo no suele ser proporcional al mundo.
Tan sólo falta una persona.
Y, sin embargo, el vacío no se mide por la cantidad de gente que te rodea.
La ausencia de esa persona lo llena todo.
Una sola puede ser tu centro de gravedad, la órbita en la que giras, la brújula que te orienta y el mismo aire que respiras.
Es de las descripciones más exactas del duelo que existen.
Y creo que no necesita más explicación.
Esta cita me ha recordado a lo que decía Robin Williams:
«Solía pensar que la peor cosa en la vida era terminar solo. No lo es. Lo peor en la vida es terminar con personas que te hacen sentir solo.»
Esa tremenda paradoja de estar rodeado de personas pero sentir un vacío absoluto por dentro porque falta la conexión real, la que de verdad importa.
Al igual que con Joan Didion, el mundo puede estar lleno de personas, pero si falta esa alma, o si las que hay no conectan contigo, estás en el desierto más absoluto.
Ilustración perteneciente al cuento «Sueños mágicos»
Joan Didionno escribió sobre el duelo como quien mira desde fuera. Lo escribió desde el desconcierto de una cocina, mientras su marido se desplomaba en el suelo.
Lo escribió desde la habitación de un hospital donde su hija no despertaba.
Por eso sus palabras no son teoría. Son el eco de una noche de diciembre de 2003 en que su vida se partió en dos. Ella lo contó mejor que nadie:
«La vida cambia deprisa. La vida cambia en un instante. Te sientas a cenar y la vida que conocías se acaba».
Cuando escribió «Te falta una sola persona, y el mundo entero está vacío», seguramente estaba pensando en esa sola persona que hace que todo tenga sentido.
Y cuando falta, el mundo, por mucho que esté lleno de ruido, de gente, de obligaciones, se queda hueco. No es una exageración de escritora.
Es una verdad de quien ha perdido y ha tenido que aprender a respirar después de eso.
Duele leerla. Porque no se compadece. Nombra. Y al nombrar, desnuda.
Perdió a su marido y a su hija en menos de dos años.
Y siguió escribiendo. Escribió para no ahogarse. Porque no sabía hacer otra cosa. Y porque escribir era su forma de seguir respirando.
Mi querido Robin Williams. Él hacía reír a millones. En privado, lloraba. Nadie lo sabía, o quizá no quisimos saberlo
Dijo una frase que me sigue dando vueltas: «Solía pensar que la peor cosa en la vida era terminar solo.
No lo es. Lo peor en la vida es terminar con personas que te hacen sentir solo».
Un hombre que pasó la vida haciendo reír a otros, pero que por dentro se desmoronaba. Fue un niño solitario, criado por niñeras, con padres ausentes. Intentaba hacer reír a su madre para que le mirara. De mayor usó la comedia como escudo y como espada. Pero el escudo no siempre aguantaba.
Luchó contra la depresión y las adicciones. Se sintió vacío aunque el mundo le aplaudiera. Se sintió solo aunque estuviera rodeado de gente. Por eso su frase es tan terrible. Porque él la vivió. Porque esa soledad acompañada, esa de estar con personas que no te ven, que no te entienden, que no te conectan, duele más que estar solo del todo.
Murió en 2014. Luego supimos que tenía una enfermedad neurodegenerativa.
No se fue por tristeza. Se fue porque su mente dejó de funcionar. Pero la tristeza llevaba años con él.
Su legado no es sólo el humor. Es también esa verdad incómoda que compartió.
Estar con personas que te hacen sentir solo es peor que la soledad misma.
Y que lo único que puede llenar el vacío es una conexión real, de esas que no se fingen.
Joan habla de la ausencia de esa persona que lo llenaba todo. Robin habla de la presencia de personas que no llenan nada. Las dos hablan de soledad. Una por falta. Otra por exceso de lo que no sirve. Las dos hablan de lo importante que es esa sola persona. La que de verdad conecta. La que hace que el mundo no esté vacío. La que hace que, aunque estés solo, no te sientas solo. Esa persona. Esa es la que importa. Cuando falta, o cuando nunca llega, el mundo, aunque esté lleno de gente, se convierte en un desierto. Por eso las dos frases resuenan juntas. Son dos caras de la misma moneda.
La moneda del amor verdadero. El que llena. El que sostiene. El que, cuando se va, lo vacía todo. Y el que, cuando nunca llega, duele igual.
Didion enterró a su marido. Luego enterró a su hija. Y aún así, siguió escribiendo.
Escribió para no morirse. Y al hacerlo, nos regaló las palabras que nos ayudan a entender por qué a veces lloramos al leerlas.
Joan Didion escribió «El año del pensamiento mágico» tras perder a su marido de repente.
Es uno de los libros sobre el duelo más reales y conmovedores que existen.
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