El peso de pertenecer
El miedo a la oscuridad no es sólo temer la falta de luz, sino el vacío de sentirnos desprotegidos ante lo que no controlamos.

Con la ilustración de «El abrazo de la luna» busqué capturar esa mirada que busca refugio,
recordando que la noche también puede ser un espacio suave y acogedor si aprendemos a no esconder lo que sentimos.
Hay algo en mí que siempre ha pesado silenciosamente.
He estado en lugares llenos de voces y yo sentía que no pertenecía.
He sonreído sin entender del todo, he asentido para evitar conflictos, he bajado mi tono para no molestar.
Y aun así, al final, algo se encogía en mi pecho.
Como si hubiera hecho algo mal.
Durante años creí que el problema era mío.
Que era demasiado intensa, demasiado emocional, demasiado diferente.
Intenté adaptarme.
Aprendí a medir mis palabras, a no incomodar, a guardar mi voz cuando señalaba injusticias que nadie quería escuchar.
Y funcionó. Encajé. La gente se sintió cómoda. Todo parecía más fácil.
Pero cada vez me alejaba un poco de mí misma.
Me iba agotando, poco a poco, de sostener una versión diferente de lo que soy. Cansada de no ocupar el espacio al que tengo derecho.
Un día me enfrenté a una pregunta que me daba miedo:
¿Cuánto estaba dispuesta a dejar de ser yo para que otros se sintieran tranquilos?
La respuesta dolió.
Porque comprendí que me estaba perdiendo en silencios, gestos contenidos, miradas evitadas.
Adaptarme estaba costándome mi esencia.
No hubo aplausos, ni momento épico, ni revelación brillante.
Solo decidí dejar de recortarme.
Algunas personas se alejaron.
Algunas conversaciones se apagaron.
Algunos lugares dejaron de sentirse acogedores.
Ser uno mismo no siempre regala libertad inmediata.
A veces trae más soledad.
Pero también trae algo más profundo. Coherencia con uno mismo.
La sensación de no dividirse en fragmentos para complacer.
De no traicionarse en lo pequeño.
Sigo sintiéndome fuera de lugar en muchos sitios.
La diferencia es que ya no me pregunto qué debo cambiar para permanecer.
Ahora me pregunto si quiero permanecer.
Y eso, aunque incómodo, es un acto de respeto y amor hacia mí misma.
Ilustración perteneciente al cuento «El abrazo de la luna».
Cuento sobre el miedo a la oscuridad.
Aceptar nuestras propias sombras es el primer paso para dejar de esconder lo que somos.
En este cuento, la luna no borra la oscuridad, simplemente la abraza y la llena de sentido.
Pintar estas historias es mi manera de recordar que no necesitamos ser perfectos para ocupar nuestro lugar en el mundo.
Revisa nuestra tienda: https://cuentosconvalores.com/tienda/

Todos nuestros libros y cuentos están protegidos por las leyes de derechos de autor.
Queda prohibida su reproducción total o parcial por cualquier medio sin permiso escrito del autor.






0 comentarios