A veces pienso que el País de las Maravillas no está tan lejos.

Aquel día, sin embargo, el reloj decidió ir al revés. En la versión de Lewis Carroll, Alicia cae por una madriguera. En la mía, sigue siendo una niña, pero la puerta aparece justo al final del parque, detrás de un columpio que casi nadie usa.
Alicia ha tenido un mal día: una amiga que ya no lo es tanto, un adulto que le dice que exagera, una sensación rara de no encontrar su lugar.
Camina sola, arrastrando la mochila, y entonces la ve: una pequeña puerta clavada en el tronco de un enorme árbol.
Está segura de que ayer no estaba. Pero hoy, ahí está. Delante de ella.
Se acerca. No pone “Prohibido el paso”. Ni “Sólo adultos responsables”.
Hay una diminuta frase, escrita como si alguien la hubiera susurrado:
“Pasa cuando estés cansada de fingir que no sientes tanto”.
Alicia empuja la puerta.
Al otro lado hay luciérnagas que iluminan el camino, árboles que cambian de color según el ánimo de quien los mira, alegres mariposas que revolotean a su alrededor, un río que corre susurrando historias de otros tiempos.
Allí nadie le dice “no llores por tonterías”.
Nadie se ríe de ella cuando se emociona demasiado.
Se sienta en una piedra, abraza sus rodillas y, por primera vez en ese día, se queda un ratito con ella, escuchándose sin esconderse. Sin prisas.
Entonces el reino entero parece inclinarse hacia ella y susurrar:
“Deja que no sepan, Alicia… al fin y al cabo, los mejores secretos son los que sólo entiende el corazón.”
Cuando vuelve a abrir los ojos, está de nuevo en el parque.
El árbol sigue ahí. La puerta, no.
Pero algo más ha cambiado: el reino mágico ya no depende de encontrar la puerta, sino de acordarse un poco más de ella. Los demás quizá nunca sepan cuánto necesitaba ese pequeño secreto.
El corazón, sí. Y con eso, basta.
Ilustración perteneciente al cuento «Sueños mágicos».
Vamos a Wonderland, tú, yo y Carroll cogidos de la mano.
«Deja que no sepan, Alicia… al fin y al cabo, los mejores secretos son los que sólo entiende el corazón.
Mientras tú lo recuerdes, seguirá siendo real, aunque el resto del mundo crea que sólo era un sueño.»
¿Tú también tienes algún lugar o secreto que sólo entiende tu corazón?
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Algunas imágenes interiores del cuento «El abrazo de la luna»:


Otros cuentos de la colección

Sobre el miedo al colegio, a partir de 3 años, y sobre el miedo a la muerte, a partir de 8 años.

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This was a practice for the lights and textures, i was not trying to recreate the exact picture nor person

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