Cuando éramos niños, el miedo tenía diferentes caras: un pasillo oscuro, un armario entreabierto, una cortina que se movía sola, formas extrañas en la oscuridad.

Sabíamos casi seguro que no había nada, pero el corazón se aceleraba igual.

Y aun así, cruzábamos.

A veces corriendo, a veces cantando bajito para “espantar a los monstruos”, pero dábamos los pasos.
Ahí ya estaba la lección que luego parece que hemos olvidado: nos movíamos a pesar del miedo.

Lo atravesábamos.

La función del miedo real es diferente. Es una alarma que nos avisa de que algo puede hacernos daño y nos protege.

Nos dice que no crucemos la calle sin mirar, que no nos acerquemos a alguien que invade nuestros límites, que no ignoremos una bandera roja.

Ese miedo es sano. No viene a bloquearnos, viene a ayudarnos a elegir por dónde sí y por dónde no.

El problema empieza cuando el miedo se descontrola y se convierte en un guardián con veinte ojos.

Ya no sólo nos protege del peligro, también pretende “protegernos” de la vida: de decir lo que pensamos, de probar algo nuevo, de acercarnos a quien nos importa, de tomar una decisión que sabemos que necesitamos.

De pequeños, el armario entreabierto era sólo eso, un armario.
De mayores, esos miedos cambian de forma: una conversación incómoda, una ruptura necesaria, un cambio de trabajo, una visita al médico, pedir ayuda. Da miedo porque nos expone a la pérdida, al rechazo, a equivocarnos.

El miedo intenta evitarnos ese dolor, pero el precio que nos pide a cambio es alto: nos paraliza.
Esa es la diferencia entre un miedo que cuida y un miedo que aísla.
El primero nos susurra “ve con cuidado”. El segundo nos grita “ni lo intentes”.

La infancia nos dejó una pista que a veces conviene recordar: el armario daba pánico, sí, pero la única manera de demostrarle al miedo que no mandaba era seguir caminando.

Ilustración perteneciente al cuento «El abrazo de la luna».

«El miedo es como un pasillo oscuro.

Cuando eramos pequeños estábamos aterrados cuando había que pasar por un pasillo oscuro.

Pero sí pasábamos.

Atravesábamos el miedo.»

Ramiro Calle.

https://www.linkedin.com

Revisa nuestra tienda: https://cuentosconvalores.com/tienda/

Algunas imágenes interiores del cuento «El abrazo de la luna»:

    

Otros cuentos de la colección

 

Sobre el miedo al colegio, a partir de 3 años, y sobre el miedo a la muerte, a partir de 8 años.

https://www.artstation.com/artwork/EzKO40

This was a practice for the lights and textures, i was not trying to recreate the exact picture nor person

orlasinfantiles.net

     

Canal de YouTube de Cuentos Infantiles: Cuentos La luna azul

https://www.linkedin.com/in/emma-yuste

Pinterest: Orlas y cuentos infantiles Artemm

Instagram: cuentos_lunazul

Instagram: https://www.instagram.com/cuentos_valores/

Youtube: Cuentos infantiles

Todos nuestros libros y cuentos están protegidos por las leyes de derechos de autor.

Queda prohibida su reproducción total o parcial por cualquier medio sin permiso escrito del autor.

Summary
product image
Author Rating
1star1star1star1star1star
Aggregate Rating
no rating based on 0 votes
Brand Name
Artemm
Product Name
El miedo tenía diferentes caras