El destino que tú escribes
Giovanni Pico della Mirandola quería leerlo todo. Quería entenderlo todo.
Y cambió para siempre la forma en que el ser humano se mira a sí mismo.

«No estamos prisioneros de nuestro destino, sino que somos creadores de nuestro propio destino».
Giovanni Pico della Mirandola.
Existen dos tipos de destino.
Un destino por naturaleza.
Un perro siempre será perro. Un árbol siempre será árbol.
El ser humano es humano y siempre lo será.
Pero existe otro destino.
El que nos proporciona la vida.
Lo que llegarás a ser, lo que harás con tu vida, quién elegirás ser dentro de tu humanidad.
Y ahí es donde eres libre.
No puedes dejar de ser humano, pero sí puedes elegir qué clase de humano quieres ser.
En el siglo XV, tu destino lo decidían los astros, tu nacimiento y la Iglesia. Nacías en un lugar del mundo y ahí permanecías.
Pero Pico dijo que el ser humano es el único en la creación sin un destino escrito. Que puede apagarse o elevarse.
Que esa libertad es su mayor don y su responsabilidad.
Cinco siglos después, la psicología moderna lo confirma.
Lo que te crees de ti mismo determina lo que intentas y lo que no.
Tus pensamientos dan forma a tu realidad.
Pero no es magia. No es pensar en positivo y ya.
Es algo más profundo. Es responsabilidad.
Es decidir cada día no apagar tu luz por miedo.
Porque a veces el destino más grande lo arruinamos nosotros mismos.
Con los miedos.
Con las creencias que nos limitan.
Con esa voz que nos dice que no podemos, que ya es tarde, que otros lo hacen mejor.
Muchos de esos muros no son de piedra.
Son fantasmas que sólo viven con nuestros pensamientos.
Y los fantasmas, cuando los miras de frente, desaparecen.
Puedes cambiar cómo brillas.
A ratos, con suavidad y con ayuda.
Pero nunca apagues tu luz.
Y no pidas permiso para ser menos de lo que sabes que eres.
Ilustración perteneciente al cuento «Sueños mágicos».
«El destino nos baraja las cartas. Nosotros las jugamos.»
Arthur Schopenhauer.
Con apenas 23 años escribió su obra más famosa, «Discurso sobre la dignidad del hombre», considerado el manifiesto del Renacimiento.
En él defendía algo revolucionario para su época. El ser humano no tiene una naturaleza fija. Puede elevarse hasta los ángeles o degradarse hasta las bestias. Esa libertad es su mayor don.
Propuso 900 tesis para debatirlas públicamente con cualquier sabio del mundo. La Iglesia condenó algunas de ellas y tuvo que huir. Vivió perseguido un tiempo hasta que Lorenzo de Médici lo acogió en Florencia.
Murió con solo 31 años, envenenado, aunque nunca se probó.
Vivió poco. Pensó mucho. Y cambió para siempre la forma en que el ser humano se mira a sí mismo.
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