“El hogar no es de donde eres, es donde encuentras la luz cuando todo se oscurece”.
Pierce Brown

Creo que hieren las personas que no saben amar.
El amor es el motor que mueve el mundo y da sentido a la vida.
Y no debería doler.
El hogar es como un faro en la oscuridad.
Te orienta.
Te guía.
A veces se vuelve brújula.
Tu refugio.
Y quien ha caminado la oscuridad más profunda y ha hallado un rayo de luz sabe lo ciertas que son estas palabras.
El hogar es la paz que rescatas de tus batallas.
El rincón donde aprendes a encender tu propia aurora.
Donde te celebran.
Donde el amor no se viste de jaula para obligarte a reducirte, a callar o a esconder tus heridas para no molestar.
No duele.
No confunde.
No te roba la paz.
Donde no tienes que pedir permiso para ser tú mismo y el amor se siente abrazo.
Donde las cicatrices se vuelven ventanas por donde entra la vida.
El verdadero hogar es donde tus miedos se calman y nadie te hace sentir que eres “difícil de amar”.
Soltar lo que te rompe porque al otro lado te esperas tú, sin armaduras.
Y a veces el hogar también tiene otro nombre.
A veces es alguien.
Que no apaga tu luz.
Que no te pide que seas menos para quedarse.
Dos refugios que se encuentran.
Dos almas que se reconocen. Sin jaulas. Sin miedo.
Entonces el hogar deja de ser sólo un lugar al que vuelves.
Y se convierte en un hogar que se vive acompañado.
Hay una belleza muy auténtica en esos lugares donde no hace falta fingir ni ponerse escudos para encajar.
Cuando conectas con personas que respetan tus tiempos y celebran tu forma de ver la vida,
te das cuenta de que el mundo es un lugar mucho más cálido y seguro de lo que pensabas.
La frase sobre el hogar es una idea que late en el pecho de un hombre que lo ha perdido todo.
Pierce Brown la escribió en Amanecer rojo (Red Rising), una novela de ciencia ficción en la que la humanidad ha colonizado el sistema solar y vive bajo un férreo sistema de castas representadas por colores . En la cima están los Dorados, la élite gobernante. En el fondo, los Rojos, esclavos que trabajan en las minas de Marte, engañados para creer que su sufrimiento es necesario para terraformar el planeta .
El protagonista, Darrow, es un Rojo. Nace en la oscuridad de las minas, resignado a una vida de trabajo y muerte temprana. Pero su esposa, Eo, sueña con la libertad. Canta una canción prohibida y es ejecutada por ello. Su muerte es el detonante. Darrow es rescatado por la resistencia, su cuerpo es transformado en el de un Dorado, y se infiltra en la élite para destruir el sistema desde dentro .
«El hogar no es de donde eres, es donde encuentras la luz cuando todo se oscurece.»
Para Darrow, su origen no es su hogar. Su origen es una mina, un lugar de opresión. La luz que encuentra en medio de la oscuridad no es un lugar, es un propósito: la causa de la libertad, el recuerdo de Eo, el amor por su hijo y por Virginia, su esposa y soberana . Es la promesa de un amanecer para su pueblo. Es la idea de que, aunque esté perdido en una galaxia que lo quiere muerto, hay una razón para seguir luchando, una llama que lo guía.
Y por eso su hogar es donde está esa luz. No importa el planeta, ni el sistema solar. El hogar es donde hay alguien o algo que te hace recordar por qué no has de rendirte. Es una declaración de supervivencia y una promesa de lealtad. Es la respuesta de Darrow a Eo: «Vivo por el sueño de que mis hijos nazcan libres»
Darrow es un minero de la casta más baja en la sociedad marciana. Vive engañado, convencido de que su trabajo en las minas es necesario para terraformar Marte. Pero cuando descubre la verdad, que Marte ya es habitable y que su sufrimiento es una mentira, su mundo se oscurece.
Y entonces, en medio de esa oscuridad, encuentra una luz: la promesa de una vida libre, el amor por su esposa muerta y la esperanza de un futuro para los suyos.
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