«Es difícil hacer a un hombre miserable mientras sienta que es digno de sí mismo».
Abraham Lincoln (1809-1865)

La verdadera fuerza de una persona sólo depende de cómo se ve a sí misma.
Si sabes que eres digno, íntegro y capaz, nada ni nadie puede hundirte.
Tu autoestima y tu dignidad son un escudo invisible.
Una luz que, mientras la mantengas encendida, protege de la tristeza y la soledad.
Eres fuerte y digno.
No dejes que lo que ocurra a tu alrededor apague esa luz.
Lo que pase en casa, en la calle o en la cabeza de otros no define tu valor.
Tu integridad, tu corazón, tu esencia, son tuyos.
Esa luz es tu refugio, tu fuerza silenciosa.
Nadie puede tocarla sin tu permiso.
Y se vale parar, caer un momento, llorar en silencio o expresar tu cansancio. Todo eso está bien. Pero siempre vas primero.
Tu alma merece cuidado. Lo que eres merece respeto.
Cada vez que te levantas, aunque tiemble tu corazón, y cada instante en que te cuidas, aunque sea en silencio, es un acto de victoria.
Sigue creyendo en ti y siendo ese hombre que no se deja romper por dentro. No dejes que la tristeza robe tu alegría.
Mantente firme en medio del caos. Eres grande, fuerte y digno.
Tu dignidad es tu luz. Y esa luz te protege. Inspira y calma.
Esa fuerza silenciosa es tu escudo y motor.
Mientras la sientas, nadie podrá hacerte miserable.
Abraham Lincoln, óleo sobre lienzo de George Healy, 1887.
Galería Nacional de Retratos, Institución Smithsoniana, Washington, D.C.
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