“No tenemos nada nuestro. Nos han quitado las ropas, hasta los zapatos.
Si hablamos no nos escucharán, y si nos escuchasen no nos entenderían. Nos quitarán hasta el nombre.
Y si queremos conservarlo deberemos encontrar en nosotros la fuerza de obrar de tal manera que, detrás del nombre,
algo nuestro, algo de lo que hemos sido, permanezca”.
Primo Levi.

Palabras tan reales como tristes.
Hay una violencia que no se mide en golpes ni en hambre, sino en el intento continuado de despojar a una persona de todo.
Hasta dejarla sin nada que la identifique con quien era.
Le quitan la ropa.
Y con la ropa se llevan una parte de la memoria del cuerpo.
Le quitan el pelo.
Y con él la imagen que uno tiene de sí mismo frente a un espejo.
Y le quitan el nombre.
Lo sustituyen por un número tatuado en el brazo izquierdo.
Como él mismo lo cuenta: «Me llamo 174517».
Y entonces desaparece la última frontera entre ser una persona y ser sólo un cuerpo numerado.
Catalogado.
Disponible para el exterminio.
Porque el horror no empieza con la muerte.
Empieza cuando te van despojando poco a poco de eso que te identifica. Como humano.
Como tú.
Parece escrito con esa urgencia tan necesaria y humana de no querer ser olvidado.
Ni olvidarse de quien es.
Y desde ese lugar donde no quedan palabras para nombrar la ofensa.
Donde la realidad es tan absurda que nadie puede entenderla, queda una última resistencia.
Obrar de tal manera que, detrás del nombre que te han quitado, algo de lo que has sido permanezca.
La dignidad.
Porque la dignidad es la última prueba de que uno sigue siendo alguien.
Ante esto, sólo me queda preguntarme, si alguien decidiera arrebatarme todo, qué parte de mí decidiría proteger.
Cueste lo que cueste.
Primo Levi (1919-1987)
Novelista, ensayista y científico italiano de origen judío superviviente del campo de concentración nazi de Auschwitz-Birkenau.
Autor, entre otros, del libro “Si esto es un hombre” (1947).
Considerado una de las obras más significativas del siglo XX sobre Auschwitz y el sufrimiento del ser humano.
Fotografía: Algunos cargan lo que no se ve. Incluso cuando parecen ligeros.
La memoria no es sólo un ejercicio del pasado.
Es el refugio donde defendemos quiénes somos para que nadie pueda arrebatarnos la dignidad.
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