Con fibromialgia no se acaba tu poder,

simplemente cambia de forma. Te obliga a escucharte con más atención. Tu cuerpo no está roto ni defectuoso. Es un cuerpo que negocia cada paso, que aprende otros ritmos, que conoce la oscuridad de la noche y aun así busca la luz de la mañana.
Porque hay días en que el dolor manda y días en que mandas tú. Y en el camino descubres fuerza en la calma, valentía en pedir ayuda, dignidad en parar a tiempo. Sin culpas.
Tu cuerpo está cansado de pelearse con un mapa que no dibujó. Cuando cambias el mapa, aparece un camino.
La fibromialgia no borra tu luz, sólo te pide encenderla de otro modo.
Con descanso, límites claros, ternura hacia lo que duele.
Un pequeño gesto te devuelve un poco de vida en los días difíciles.
La fibromialgia ha recorrido un largo y doloroso camino hasta su reconocimiento. Durante décadas, fue una enfermedad fantasma, un diagnóstico en la niebla que se movía entre el escepticismo médico y la incomprensión social.
No es invisible, es que a veces no sabemos mirarla. Lo que falta no es prueba, es empatía y formación. Hoy tiene nombre, criterios y reconocimiento clínico.
Los síntomas eran reales, el dolor era tangible, pero al no aparecer en las radiografías ni en las analíticas de sangre, se convertía en una «invención» o un «problema psicológico». Los pacientes, ya agotados por el dolor, tenían que enfrentarse a una doble batalla: la enfermedad en su cuerpo y la invisibilidad de su sufrimiento ante el mundo.
Esta experiencia de ser «fantasma» es, quizás, la más cruel de todas, pues no solo se negaba el dolor físico, sino también la integridad y la verdad de quien lo padecía.
Hoy, aunque queda mucho por hacer, el reconocimiento médico y la visibilidad han crecido. Es un paso fundamental, pues al nombrar y validar el dolor, se comienza a restaurar la dignidad de la persona.
Dejar de ser un fantasma es, en esencia, la forma en que la sociedad le dice a quien vive con fibromialgia: «Te veo, te creo y tu experiencia es real. Ahora podemos buscar juntas, con respeto, el camino que te permita vivir a tu propio ritmo.» Este reconocimiento es el inicio de la sanación emocional.
¿Tú también has sentido que nadie creía en ti?
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Algunas imágenes interiores del cuento «El abrazo de la luna»:


Los dos siguientes cuentos de la colección

Sobre el miedo al colegio, a partir de 3 años, y sobre el miedo a la muerte, a partir de 8 años.

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This was a practice for the lights and textures, i was not trying to recreate the exact picture nor person

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